Friday, June 29, 2012

Sobre la insoportable ambigüedad del ser


“[…] sin poseerse no había posesión de la otredad, ¿y quién se poseía de veras?
¿Quién estaba de vuelta en sí mismo […]?”
Julio Cortázar


Hay días en los que simplemente se es “uno mismo” y al mismo tiempo “otro mismo”. No es manifestación de síntomas de esquizofrenia, como podría pensarse en primera instancia y acudir sin demora a consultar el DSM-IV, sino más bien de un complicado sistema de subsistencia que evita –precisamente- que se llegue a ser paciente de hospital psiquiátrico, y que además explica casi todo el tiempo la forma en que se interactúa con las demás personas y con el medio en el que se está. Es esta interrelación de la otredad interna (y en un grado menor de la relación con la otredad externa) la que dibuja “Suicidio”, el primer cuento de la autora Ulalume González de León, publicado en A cada rato lunes, en 1970.

“Suicidio” abarca sólo seis páginas en la edición del FCE de 2003 y se divide en dos momentos que narran la jornada de la protagonista en un día que decide morir. A pesar de la temática lúgubre, la autora logra que el cuento sea ligero (mas no por ello liviano) al momento de la lectura a través de un lenguaje cotidiano, una estructura sintáctica fluida –que remite al monólogo interior- y voces narrativas que facilitan que el lector se encuentre consigo mismo para poderse comunicar con la experiencia plasmada en el cuento. El propósito del presente trabajo es analizar el uso del lenguaje en cada uno de los momentos presentes en la estructura externa señalados por la estructura sintáctica (tres cambios en la voz narrativa) para comprender la(s) relación(es) yo-otro.

Como se mencionó anteriormente, el cuento se divide en dos momentos, marcados por cambios en la voz narrativa. En el primer momento que es el comienzo del texto aparece una voz omnisciente, impersonal que plantea la aparición del dolor, cómo surge éste desde los sentidos y cómo reaccionan al mensaje.

Al primer sentido que la voz omnisciente se refiere y describe es el oído, y lo hace suavemente de forma tal que se da a entender que es susceptible y ‘frágil’ (“Ese objeto delicado, color de rosa, siempre alerta, en forma de caracol que es el oído, […]” [7]); que se debe poner atención tanto al momento de usarse como a su mantenimiento y cuidado (“[…] cubierto a veces por una mecha permeable a los mensajes, […]” [7]) para que funcione adecuadamente o se corre el riesgo de que se rehúse a cumplir con su trabajo (“[…]se descompone de pronto, no da señales de vida, en alguna parte se obstruyó el embudo, […]” [7]) aunque se le exculpe de dichas fallas sistémicas en las que incurre (“[…] y ajeno al origen del cortocircuito el oído mantiene la impasibilidad de la inocencia.” [7]).

El segundo sentido en ser reconocido es la vista, aunque de manera más rápida y con menos apologías que el primero (“También los ojos, en su doble mecanismo de espejos y linternas mágicas, se ponen a operar en un solo sentido, copiando imágenes que no devuelven en destellos de inteligencia.” [7]), ya que a los ojos no se les aceptan las fallas sistémicas sino que éstas se atribuyen como evasiones que constituyen un método de defensa del ser. Dicha estrategia defensiva puede convertirse en una ofensiva cuando la orden llega a los labios, que responden -las más de las veces de manera incoherente y desmedida- a la situación que generó el cortocircuito (“Entonces los labios están perdidos, inútiles ya para el diálogo, y profieren inconexos monólogos simultáneos en una amenaza dadaísta, “Café Voltaire”, a la armonía que reina entre dos seres humanos.” [7]). Y es que de verdad, es el sinsentido –propio o ajeno- lo que propicia malentendidos, rompe la dinámica frágil que es la convivencia y pone a prueba la inteligencia inter e intrapersonal de un individuo, además de que es génesis de inquietud, ansiedad y miedo ante ese otro que no es el “otro mismo”, sino el que es sencillamente “otro”.

Es importante resaltar que la voz omnisciente habla desde la generalidad, que asume que estas circunstancias-hechos-experiencias sensoriales son comunes al ser humano (“Y cuando de pronto se restablecen los circuitos, suena una palabra fuera de todo contexto, se alarman los oídos, los ojos echan chispas, […]” [7]), después de un instante de impavidez –o de pasmo- en los sentidos surge una reacción común en todos (“[…] algo así como la descarga de un rayo metafísico se pierde por las infinitas ramificaciones que llevan mensajes bajo la piel, y ese mensaje se llama dolor.” [7]). Esta asunción de generalidad provoca, si bien de manera sutil y no expresa, una sensación de apabullamiento y de ‘claustrofobia’ por lo determinante e inexorable de la sentencia: nadie escapa al dolor.

En el segundo momento aparece la voz narrativa en primera persona: una protagonista que habla de sí misma, del catalizador de su situación particular, su reacción (“Yo siempre árbol y tú viento. Escapas hacia no sé qué rincón de la ciudad, y yo me inmovilizo en un cuarto de la casa.” [8]) y la consecuencia –quizá desproporcionada- ante ésta última (“La última vez pensé: quiero morir. Y me pareció que la postura más adecuada para tan grave determinación era sentarme en una silla pequeña con los pies juntos y la cabeza entre las manos y los codos apoyados en las rodillas.” [8]). Si bien la reacción, el pensamiento-consecuencia parece desmesurado, la forma en que se queda inmóvil en la habitación, la postura corporal que adopta son hechos tan cotidianos que la gravedad y el sentimiento de desesperanza que transmite el ‘quiero morir’ se ven difuminados a un punto que el dolor y la angustia excesivos se vuelven soportables.

Entonces esta voz –a la que identificaré como Ulalume– hace una evaluación racional y un tanto pragmática, de nuevo aminorando el instinto y la intensidad del impulso doloroso–angustiante (“ […] me distrajo de mi dolor el intento de averiguar qué me dolía. Si el alma o las mandíbulas, el corazón o las muñecas. Y me pregunté si desaparecería todo tormento de quedarme yo dormida. Pero la certidumbre de mi dolor me llegaba del contraste entre mi condición y un pasado inmediato que provisionalmente llamaré felicidad” [8]) que al mismo tiempo da la impresión de que la protagonista tiene el control: no la situación, no las emociones-sensaciones sino que sólo Ulalume puede influir sobre su vida y es, hasta cierto punto, responsable de ella.

Esta aproximación racional a la situación continúa con la explicación que Ulalume misma se da –o al menos intenta darse- sobre el momento singular que vive y su estado de felicidad-dolor (“No sé qué es mi dolor, me dije, sino sobre el fondo radiante de la felicidad, y no sé qué era mi felicidad, pero sé que la he perdido. No sé qué cosa es qué cosa. Pero sé que son cosas diferentes y que quiero morir.” [8]), con lo que se hace evidente que necesita mantener el control y estar conciente de ello, y sin embargo se da cuenta que no le es posible mantenerlo por mucho ni por completo, ya que en ese momento y por la forma en que dice ‘me dije’, se advierte la aparición-invasión de la otra yo.

Casi de forma simultánea y en paralelo a la voz de Ulalume, esa otra yo representa la persona emotiva-irracional que sonríe (“Entonces, sin ton ni son, mis labios cambiaron de curva: estaban así, ∩, a lo Greta Garbo, y se pusieron así, U , porque algo tiró hacia arriba de las comisuras en una de esas malas pasadas de mi vitalidad, […]” [8]) porque los recuerdos irracionales, lúdicos, íntimos y -¿por qué no?, sensuales- constituyen el motivo del cambio y la sumergen en el arrebato de las experiencias estéticas (“[…] y pensé en mis foreplay contigo durante los ‘comerciales’ cuando vemos algún programa de televisión desde la cama. El pasado viene con una máscara risueña, me dije, bello como los paisajes pintados en las cajas de galletas finas.” [8]).

Aunque apareció cuando Ulalume reflexiona sobre su dolor, la otra yo se manifiesta mejor después de un acto que implica llenarse de algo que podría ser el ímpetu de la idea suicida (“Una de las galletas decía ‘Cómeme’, y me la comí. Entonces, Alicia-telescopio, comencé a estirarme hacia el techo, tristísima de no poder ya circular hacia el jardín encantado por una puerta diminuta, […]” [9]) que la hace comprender, desear-no desear y temer la inminencia –y lo inevitable- de su muerte (“[…] y advertí enseguida que el techo era la muerte. Decidí por lo tanto, mientras pensaba, recorrer primero la mitad de la fatal distancia, luego la mitad de la mitad, luego la mitad de la mitad, etcétera, método que me deja mucho tiempo libre para seguir pensando.” [9]).

Pero Ulalume vuelve, con impulsos constructivos -o por lo menos reguladores- surgidos y moldeados por y en la cotidianidad (“Así, mientras me suicidaba lentamente, estiré brazos y piernas, me ajusté el cinturón frente al espejo, lancé una mirada triste pero aprobatoria a mi pelo largo, a mis tacones a la moda, mi envoltura de muselina tan perfecta… a fin que vive ou morte ton corps ne sois que roses. Y luego bailé un rato[…]” [9]), se ve obligada a frenar a la mitad del camino para asumir el papel que su medio le exige de la mejor manera, sin que ello implique que lo haga en su totalidad y sin que busque la manera de excusarse por no querer hacerlo (“Ajenos a mi suicidio, a mi estatura, los niños me obligaron a hacer un deber de matemáticas y a solfear con ellos algunos compases de Schumann. Pero me negué en cambio a contestar el teléfono: la criada respondió, según mis instrucciones, que la señora estaba ocupada (recorriendo la mitad de la mitad).” [9]).

Ulalume y Alicia-Telescopio no son dos separadas, sino Dos-en-Una que mantienen una relación estrecha y funcional durante los momentos de coincidencia (“Pasaron años. La casa calló, se fueron apagando todas la luces menos las de la habitación donde me encontraba, […]” [9]) y que se (con)funden en estado racional-emocional de ser una cuando la otredad externa –que es el contemporáneo más amado- se espera, aparece o tarda en hacerlo (“y cobré conciencia de de un mundo de motores de automóvil que me hostigaban con decepciones demasiado frecuentes […]” [9]). Es durante esa comunión de la protagonista y la otra yo que se percibe también un proceso de comunicación-incomunicación con la otredad externa (“Porque tú llegarías tarde. O nunca. Tal vez tú también recorrías la mitad, y la mitad de la mitad, y la mitad de esa mitad del camino que antes nos unía y ahora indudablemente nos separa (vías de incomunicación, pensé […]) […].” [10]), situación que catalizó el dolor, la idea del suicidio y la manifestación de la protagonista como Dos-en Una.

Pero la comunión no puede durar para siempre porque entonces no habría sitio para que exista el “otro mismo” que sirve de contrapeso a la reacciones de “sí mismo”, por lo que Ulalume acalla por un momento la voz alta de Alicia-telescopio –aunque el actuar de ésta no desaparece en el momento- (“Estaba a punto de soltar un poema, aunque sé que así de emocionada se le acaba a una la autocrítica. Bueno, ni modo: ahí va aunque no pase de texto ‘terapeútico’. Pero antes me prepararé un very long drink para disfrutar lúcida mi desesperación.” [10]) y se venga cuando se impone de nuevo, ella con todo y el deseo-no deseo de morir, la inminencia y la forma de postergarlo recorriendo siempre la mitad del trayecto-línea al techo; los impulsos “destructivos” como el cigarrillo y el “very long drink” (“Pero no; todavía no – me dije –: 1/2+1/4+1/8+1/16+1/32+…, me dan tiempo para fumarme un cigarrillo. Y si quiero llorar, ¿qué? Tú no lo vas a ver, te lo prometo. Me pondré compresas de té y unas gotas de ese colirio que deja el ojo blanco como tacita de Wedgwood.” [11]).

Y la protagonista comienza a confundirse de nuevo a la espera del contemporáneo más amado. Alicia-telescopio hace su última participación, antes de aguardar –como siempre- el momento oportuno para volver a levantar su voz; empero, Ulalume ahora la tiene en cuenta como esa parte de la protagonista (que evidentemente es ella) que es y representa el deseo-no deseo de morir, la inminencia y la forma de postergarlo recorriendo siempre la mitad del trayecto-línea al techo, del otro trayecto línea a salvar que es la distancia entre ella y el contemporáneo más amado y los impulsos “destructivos” como el cigarrillo y el “very long drink” (“Alicia-telescopio: ¿aceptas entonces también la inminencia del techo-muerte?… Pero mira cómo has llorado hasta deshidratarte. Y tu very long drink sigue intacto. ¿No ves que dice ‘Bébeme’? Y tú te lo bebes y te haces pequeña, […]” [12]) aunque no puede dejarse de lado como la que representa la cotidianidad por la conciencia que tiene de su estado de felicidad-dolor, de comunicación-incomunicación y de la decisión -frustrada o no- de morir; los impulsos “constructivos” como la vanidad y el acto de bailar y una promesa racional cuando el conflicto de la (in)comunicación está a punto de resolverse (“Prometo no volver a suicidarme. Al ver lo rojizo de mis ojos, entiendes lo que ha pasado y tus ojos me recitan a Shakespeare: […]” [13]).

La autora busca y logra retratar un momento de crecimiento personal a través de un diálogo entre la racionalidad y la emotividad humana constituyentes de cada ser. Ante cada situación que las enfrenta, amabas partes se separan, luchan entre sí para dominar las acciones del ser. El objetivo es el equilibrio: no dejar que una domine a la otra, ya que de este equilibrio depende el actuar hacia el exterior y resolver la situación de conflicto. Ulalume en “Suicidio” resuelve el conflicto, acepta reconoce e integra ambos aspectos de la protagonista, mostrando al lector un ejercicio que es personal en tanto que puede ser utilizado por cualquier persona.



Fuentes:
González de León Ulalume. “Suicidio”. A cada rato lunes. Fondo de Cultura Económica. México 2003. pp 7-13

La improbabilidad del amor y la imposibilidad de las relaciones


“No existe amor en paz. Siempre viene acompañado
de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas”
Paulo Coelho

Existen, en la reflexión metafísica sobre la vida, el destino y el libre albedrío, algunas premisas populares, como lo es la aseveración del principio de incertidumbre: a partir del nacimiento no hay certezas, salvo que quien nace está vivo y morirá en algún momento futuro. Quizá debería añadírsele una cláusula para advertir la alta probabilidad de experimentar durante la vida algo que se ha convertido en un lugar común y un pretexto para escribir: el amor de pareja, ya sea erótico, platónico o imposible. Tema siempre presente en la literatura universal, los poetas han utilizado diversas estructuras poéticas para hablar del amor –en cualquier variante y forma suya-, pero se ha destacado el uso del soneto y la décima para tratar al amor imposible y/o no correspondido.

La décima es una estructura o forma poética constituida por diez versos octosílabos, cuya rima se da entre los versos primero, cuarto y quinto; segundo y tercero; octavo y noveno, y sexto, séptimo y décimo . Dicha estructura se tornó definitiva en el siglo XVI –cuando se fijó la forma de la rima- y su uso ha sido recurrente desde entonces . En la escena poética mexicana en el siglo XX, es Xavier Villaurrutia quien escribe “Décimas de nuestro amor”, obra que, en diez décimas trata, –lo más racionalmente posible, una situación amorosa no correspondida. El objetivo del presente ensayo es mostrar cómo cada décima refuerza una emoción y un mensaje diferente que no contradice el sentido y el mensaje de la obra en su totalidad, por medio del análisis de su estructura sintáctica.

En conjunto, las décimas comunican ‘al otro’ el sufrimiento, producido por la contradicción interna de todo ser enamorado sin reciprocidad: sufre tanto por la ausencia y la distancia del amado como mientras está en su presencia por la conciencia del sentimiento unilateral, pero -a pesar de la agonía- necesita tenerle cerca. A lo largo del poema, la voz poética expone su angustia, pero llega a una conclusión apabullante: es imposible dejar de amar.

La primera estrofa es la introducción, el comienzo del monólogo en el que se hace una declaración abierta pero dirigida específicamente a quien sepa: te escribo a ti. Sin embargo, la emoción transmitida es la reserva en torno a la acción y al monólogo mismo, generado por los verbos de los primeros 4 versos: prohíbo, revelar, decir, escribirlo, escribo. La voz está contrariada, pues sabe que no debe escribirlo, hacerlo público, y sin embargo cede ante la necesidad de expresarse, sin llegar a ser clara, explícita y específica. Una vez aclarado el “no debo, pero necesito hacerlo”, se explica el accionar del círculo vicioso: vivo, buscándote, invoco, toco. Tanto si está presente el depositario de sus afectos como si no, la voz se las ingenia para tenerlo cerca, lo invoca porque es lejano –ya sea porque es ilusorio, prohibido, reprobable.

La combinación sustantivos-adjetivos ofrece una dimensión más sensorial y emocional: es el amor en secreto hacia ‘el otro’. La ausencia del amado puede ser o no ficticia: la caverna en que esta uno mismo y la dificultad para salir por completo de ella implica a la soledad y la compañía -perceptible o imaginada-,  convirtiéndose en la barrera tocable e hiriente cuando se es consciente de su existencia; lastima como cuando se ve la luz tras haber estado en la oscuridad.

Ahora bien, la siguiente estrofa en una propuesta nacida en el quizá de la correspondencia afectiva, se manifiesta y expresa en la potencialidad y se presenta con actitud desafiante; retando –en cierta medida- a ese otro amado a terminar con la soledad, angustia triste y dolorosa. No es una correspondencia delirada: el amor está, madura, sangra. Empero, es un amor nacido en un corazón deshecho, descompuesto y sin funcionar como y para lo debido; que crece y se vuelve prudente en su lugar de residencia –el pecho– y por eso se manifiesta en el silencio largo en donde no hay ruido entorpecedor de la comunicación y todo lo que puede ser, es. Por esas razones propone y cuestiona a su amado “¿por qué dolorosa y mustia/no rompemos esta angustia/para salir de la nada?” (18-20).

No se abstiene de reclamar y decirle ‘al otro’ –entre líneas y sutilmente- que es un cobarde ante quien lo ama y ante sí mismo. Amar implica siempre un riesgo y enfrentarse al temor de querer, preferir –elegir– perder y no dejar ver, para salvarse. ¿Salvarse de qué? De querer y de ver en quien le quiere una amenaza a la vida: una agonía –sufrimiento y deseo mortal – reflejo de la propia y el temor de resolverla es el impedimento para amar de vuelta en calidad e intensidad, provocando vulnerabilidad: el ser amado se halla inerme y sin posibilidad de defenderse porque tiene o puede decir nada en su defensa dentro de su cobardía.

La cuarta décima trae consigo una petición oculta: le dice al ser amado ‘no te vayas pues duele más extrañarte’ El ser amado percibe su presencia como causa de aflicción en quien lo ama y para no ser motivo de tal, se aleja, huye y evita estar con la voz poética, sin saber o enterarse que el dolor es más grande cuando no está, dada la aparición inevitable e involuntaria de la evocación sensorial en la quietud –silencio– de las horas durante las cuales no hay compañía: si acaso paranoide, oye su y voz y mira su cuerpo en el espacio en donde no está.

Hay una queja abierta en la siguiente estrofa, después de que el amado genera esperanza difusa, lejana e inverosímil de realizar ‘algo’ –refiriéndose, probablemente, a una relación estable o a una relación erótica–, frente a la falta de deseo –anhelo, ganas e impuso sexual – posterior a ‘algo’ ya vivido y no es probable un segundo acontecer. Es evidente el anhelo de una repetición sin posibilidad de terminarse: si volviera a ser –lo que sea que eso hubiera sido-, se acabaría la expectación oscura como la noche. No se engaña y es consciente de su realidad: se encuentra solo en la (des)esperanza y no tiene solución la indisposición del otro a resolverla.

Sin embargo, la voz poética reconoce no sólo la cuestión emocional, sino también el aspecto físico, pues su cuerpo siente y reacciona agravando la falta de certeza del otro hasta que ocupa la boca y, cuando la desaloja –hablando o gritando dicha incertidumbre–, se queda el sabor amargo y la triste e inhóspita aflicción, ahí de manera permanente y firme como el recuerdo y el olor, lo único que permanece desde la partida. Esta décima es una ligadura entre la quinta y la séptima, donde se retoma el conflicto entre la esperanza joven, inmadura, dudosa y confusa ocasionada por el retorno del amado, y el descorazonamiento causado por saber –o ser consciente de – la poca probabilidad de consumación amorosa, planteada desde la soledad inaccesible –y de la cual tampoco puede huir– en donde se aposenta quien ama a pensar en el ser amado: por eso es tortura, porque cree en volver a vivir ‘algo’ con su amado y sabe que no es, en realidad, plausible.

El aspecto físico de la situación sigue presente en la octava estrofa y está ligada a aquello que la voz poética quiere: la realización del la relación sexual. El deseo erótico forma parte de la relación de pareja y, si bien puede o no ser considerada fundamental, es cierto que es un factor generador de placeres, angustias y marcas por igual. En este caso, dicha realización se da en el plano onírico, lo cual tiene sentido si se considera el contexto planteado en el poema: una relación imposible porque no es recíproco el amor. La voz poética se sueña en el orgasmo compartido, aunque no deja de ser una imagen peligrosa e incierta por no tener fundamento (en su calidad de sueño), ni excluye la capacidad de poner marcas duraderas que señalan como propio al cuerpo onírico del amado y afligen y atormentan tanto a quien hiere como al herido. No se debe olvidar una propiedad de las palabras: provocan, causan alguna reacción en quien las emite como en quien las recibe. Así, después del clímax, lo que se dijo en el sueño alargaba el éxtasis del orgasmo, a pesar de la diferencia en la expresión: cansadas las del soñado, disparatadas las del soñante.

Sólo hay un razón que motive a la voz poética a insistir y correr riesgos –quizás innecesarios – para acercarse al objeto de sus amores: la desesperación, el despecho, el haber perdido la esperanza de estar con esa persona y saber que no puede esperar más nada, sobre todo después de reconocer que no hay probabilidad de generar en ‘el otro’ los mismo sentimientos y emociones tormentosos, ni las reacciones físicas similares a las propias. No causó temor ni recelo, ni ninguna otra reacción, de modo tal que es clara la posición del amado: me eres indiferente. Ante esa triste verdad, no hay mucho por hacer para la voz poética.

Una vez sentada y evidenciada la verdad objetiva, la décima décima manifiesta lo más difícil de lograr: amar a pesar de todas las razones que podrían matar al amor. Para la voz poética, el amor no muere, sólo se refugia –podría decirse que hiberna en una sala o recoveco fuera del escrutinio público– en lo profundo de su corazón, y es la misma voz quien seguirá viviendo con ese amor oculto sin forma de encontrar que el ser amado lo vea (y quizá, lo más importante: lo acepte).

No es de sorprender el uso repetido de adjetivos lóbregos y siniestros en las décimas, si se tiene en cuenta las emociones de profunda tristeza y desesperanza recurrentes en todo el poema: siempre fue un poema de despecho y queja, de desahogo ante una verdad que duele. La realidad inequívoca –prácticamente universal a todo ser humano que se haya enamorado al menos una vez en la vida– en la posibilidad de rechazo y la no correspondencia de sentimientos se puede expresar en cualquier forma y extensión: desde 140 caracteres, hasta las más complejas y mejor logradas formas poéticas, en todos los idiomas y en todos los tiempos.

Monday, June 11, 2012

De apologías y planes...

A veces -últimamente sobre todo- me cuesta levantar la pluma. O acercarme al teclado. Quizá por falta de interés, probablemente por falta de tiempo, tal vez porque estoy en una etapa de imaginación, planeación definición, experimentación, reajustes, re-acomodos; seguramente porque me veo obligada a decidir cosas, a valorar y evaluar otras muchas. Es, digamoslo en términos simples, una forma diferente y definitiva de abandonar lo que he conocido hasta ahora y salir de la zona de confort.

Confieso que es un proceso que me aterra profundamente, pero que a la vez me inyecta energía y ánimos para seguir porque es -hoy por hoy- una de mis metas a conseguir para antes de junio de 2013: migrar de la casa de mis padres hacia la vida independiente. That soon, huh? Pues sí. Tendré para entonces 23 años y un título universitario. No es mucho. No pretendo que lo sea. Tampoco me voy a hacer creer que lo sé todo, que nada me va a pasar y que no voy a cometer errores. En otras palabras: soy joven (quizá demasiado inmadura) pero el haber vivido con aquella frase célebre de mi padrino -"Los adolescentes piensan que son las tres i's: inteligentes, infértiles e inmortales"- creo que por lo menos me ha hecho estar consciente de tres cosas: 1) Inevitablemente me voy a equivocar; 2) Lo importante es no dejarse llevar demasiado por las ganas y detenerse a medir los riesgos y 3) estar lejos del confort de una casa en donde lo tengo todo me va a obligar a madurar y a volverme responsable de mi misma.

Quizá lo curioso del caso es que lo estoy escribiendo desde la parte racional de mi misma. Si quiero ser un poco más humana, confesaré que una gran parte del motivo para buscar la mudanza es poder hacer las cosas que crea convenientes, agradables, asequibles, cuando yo decida hacerlo y enfrentar las consecuencias a mi manera whatever that means y whichever way that is, sin que se me cuestione. Suficiente tengo con mis propias dudas de mi misma y de mi propia capacidad como para poder lidiar con terceros. Como toda libertad, estoy plenamente consciente que conlleva responsabilidades. Pero en mi caso, el carecer de esa "red de seguridad" que implican todos los beneficios que tengo hoy, indudablemente me obligará a asumirlas. Saber que nadie más hará las cosas por mí será un incentivo -o una presión- para hacer, deshacer, rehacer. Para transformarme ¿Por qué no lo hago ahora? Por una sencilla razón: a mi me conviene, mientras siga donde estoy, seguir en la dinámica en la que estoy. Es fácil, cómodo y no arriesgo nada. ¿Egoísta? Claro. ¿Me siento culpable? Para nada. Pero quiero que el egoísmo de ahora cambie a ser un egoísmo por subsistencia, no por comodidad.

Mi cabeza... y yo funcionamos de una forma extraña y compleja. En esta lógica de querer salir de la zona de confort hay una necesidad de cambio constante. Aún si yo me mantengo auténtica y accesible a todos, sin máscaras -o con máscaras que revelan más de lo que ocultan- , no puedo no ver las situaciones nuevas más que la oportunidad perfecta para conocerme mejor y para mejorar. Creo que el punto es siempre transitar hacia la mejor versión de mi misma. Aún con mis pensamientos y acciones diarias, lo que pienso y digo y hago -aunque no siempre sea lo adecuado y me equivoque- lo uso y lo planteo como algo siempre mejorable.

¿Mis ideas específicas en torno a mi meta? Primero conseguir un empleo remunerado. No sé en dónde o haciendo qué. Me encantaría que fuera como asesora de alguien del H. Congreso de la Unión. Ése es mi dream job. Pero en realidad, no me pondré mis moños. Creo que lo esencial en este momento es que me paguen. Lo segundo... conseguirme una o un roomate con quien compartir gastos y un departamento que podamos mantener juntxs. Bien dice el comercial "Compartida, la vida es más". Lo tercero -aunque esto depende un mucho de quien y cómo sea mi compañerx- adoptar un canito. Ya si eso no es posible, el lugar lo ocuparía el cambio radical en la alimentación: seré vegan. Y como lo que adquiera para mi subsistencia dependería de mí... sería cuestión de disciplina. Si ya lo hice un año con todo y la zancadilla de mis padres...

Make it count. Creo que eso aplica a mi. Me equivoco. Mucho. Y muchas veces es el mismo error. El punto es no arrepentirse, aprender y mejorar constantemente, descubrir que hay múltiples caminos diferentes, y saber que, al final del día, lo más importante es disfrutar de todo lo que nos pase en cada día, en este magnífico viaje alrededor del sol.

Saturday, November 05, 2011

-¡Es mentira!¡Todo lo que te dije y también lo que callé es mentira!-, grité con todo el aire que mis pulmones y diafragma pudieron manejar.- Por favor, deja de lado la tortura y decide de una buena vez. ¿Qué no sabes que  la lejanía entre tus labios y mi cuello, entre mis labios y tu piel son mil jirones de cristal que rompen con la certeza de tu querer?

Suspiro y recuerdo todo el tiempo. Dos años. Se dicen poco... o mucho. Pero esos 730 días van a ser de los que nunca se olvidan. Bueno, no todos. Pero definitivamente muchos sí voy a recordarlos, incluso cuando tenga demencia senil... o peor aún: Alzheimer. Ok, quizá exagero; aunque de verdad creo que muy en mi inconsciente se grabaron un friego de momentos y sensaciones. Y todo es tu culpa. Y sí, sé que estoy evadiendo el tema. Sí, lo estoy haciendo a propósito. Sí, también sé que no debería, que es mejor escupirlo todo y dar este asunto por concluido.

Vaya. Nunca pensé que fuera a ser tan difícil escribir... en realidad ya no tengo idea de lo que vine a escribir ¿a caso vine a contar mi historia?¿NUESTRA historia? Porque te guste o no, tú dejaste marca en mi vida. Y yo dejé marca en la tuya, aunque la bloquees y la niegues y le rehuyas todo lo que quieras. Ya acepté el hecho de que tú jamás vas a reconocer lo que de verdad estuvo ahí. No importa. El punto es que he aprendido a saber (extraño, ¿no?) que en las noches en las que más solo te sientas, ahí voy a estar yo, regresando a tus pensamientos. Y entonces te darás cuenta de lo que pudiste haber tenido y nunca te atreviste a reclamar como tuyo. Qué curioso, ¿no? Casi me rogaste que te diera mi cuerpo, y yo casi te rogué para que reclamaras mi alma. Tú me diste voluntariamente tu cuerpo, y aunque no me diste tu alma, yo sé que reclamé un pedacito de ella para mí. All in all, creo que yo tengo más de ti que tú de mi.

Pero volviendo al tema... sí, nuestra historia. El primer beso seguido de cascadas de más besos indiscretos, paseos lánguidos, ruptura, carta al confesor que siempre fuiste. Silencio. Acercamientos tímidos, charlas estéticas, mensajes a la depositaria de tu deseo. El segundo primer beso. Intercambio de ideas sensualistas, rendezvous cibernéticos a la mitad de la noche a la mitad del verano, el clímax que fue el salto al precipicio... y la inevitable pareja de recuento y reencuentro. Lástima que decidiste cerrar la puerta, porque nunca he sido de las que permanece mucho tiempo en un lugar si no encuentro un buen motivo para quedarme.

Claro que esto último fue un poco mentira: tú eres suficientemente buen motivo para quedarme, pero no lo haré porque cada vez que me acerco tú te alejas; es como aquella pesadilla recurrente en la que nunca alcanzo lo que más amo. Y cuando lo alcanzo resulta ser sólo un espejismo. Irónico, ¿no crees? Aquello que intentaste proteger de mi fue lo que terminó rompiéndose y alejándonos. No sé cuánto haya de verdad en lo anterior, pero puedo estar casi segura de que hoy te arrepientes de todo. Y aunque muero de ganas por decir... mejor me callo, porque sé que muchas personas hablaron esas mismas palabras y hoy me las tengo que tragar completas.

Y a pesar de todo lo que me doliste... y de todo lo que pasó... bueno, en realidad ya pasó. Cerraste la puerta y el viento hinchó mi paraguas...

Wednesday, September 28, 2011

Y entre que sí y que no...

... y que tú y que yo; que si quieres y no sabes; o sabes y no puedes; o sabes y puedes pero no sabes si quieres.

Ah, la indecisión. O el miedo. O la cobardía. O la comodidad. O... tantas cosas que pueden hacerte actuar de la manera en que lo haces. Claro, manteniendo siempre la apariencia de ecuanimidad que te caracteriza; ese aire de "Soy-tan-Zen-y-tan-superior-a-ustedes-mortales-que-nada-de-lo-que-les-suceda-me-afecta". Pero difiero: tiene impacto. Incluso dentro de mis límites y el reducidísimo campo de acción que me dejas tener, sé que no estás tan "cool" con esto. Con este -por el momento inexistente- "tú y yo"; ni contigo, ni conmigo, ni sin ninguno de los dos... y menos aún con estar dizque asegurándote una vida en un espejismo que, aunque me atormenta decirlo y reconocerlo, durará hasta que tú quieras que viva la ilusión y -peor todavía- la promesa... vacía.

¿Qué quieres que te diga? Nunca has podido mentirme de a de veras. Cierto que mi astigmatismo mental llega a ser una dificultad a sortear. Verdadero también que no puedo ponerme en tus zapatos (puedo entender tu postura, pero no puedo -ni quiero ni es sano- ponerme en tu lugar, porque me faltan y me sobran cosas que lo hacen imposible). Si nos ponemos estrictos, debo dudar de conocer aunque sea un 1% de ti, igual que de todo lo demás. Pero tus ojos... Tu par de ¿espejos? ¿ventanas? ¿binoculares? ¿microscopios? ¿órganos de la Vista? no saben quitarse y ponerse máscaras conmigo. Por eso me esquivas: no me miras, no me lees, haces como que no me ves.

Definitivamente, a pesar de que me he propuesto analizar y recordar(te)(las cosas) con todo el escepticismo del que soy capaz, hay algo que no he podido dejar de lado y es el flash que vi cruzando por el complejo iris-pupilas-labios de tu rostro cuando pronunciaste las palabras más horribles que he escuchado en la vida: "No puedo, porque esto está mal". Y es que, por más que he tratado de decirme que sólo lo imaginé, que es lo que quiero creer porque es lo que deseo, que fue un efecto de la luz y demás pretextos, excusas, mentiras, similares y conexos, mi parte más sensible me susurra al oído "sabes que fue real. No pierdas la esperanza, no te rindas...".

Puedo llegar a decir que es masoquismo: una manía al dolor que me provoca ver tus acciones que gritan desde tu orgullo "No me importas". Pero también, y esto después de verte de reojo por casualidad macabra de las circunstancias, puedo decir que no es un castigo unidireccional: te atormenta tanto la distancia AUTO-IMPUESTA como a mí. Y es entonces cuando me pregunto ¿Cuál es tu afán de hacernos miserables? ¿Qué ganas hoy y qué obtendrás mañana de tu situación virtual y ficticia? ¿Por qué te causa tanto miedo algo que es más que real y que ambos sabemos que lo es? ¿A caso no sabes que eso que te aterra es sólo el paso? ¿En qué fallé al tratar de asegurarte que serías una, diez, cien veces más feliz si no me niegas?

No soy víctima, pues soy tan responsable como tú de la condena. También yo fui -soy- cobarde, porque en mi afán de ser la persona madura que se espera que sea, de entender y anteponerte, perdí aquello que he querido desde que te conocí. Es la segunda vez. Sigo sin entender porqué la segunda; porqué volviste; porqué yo. Sin caer en estas cuestiones de lugares comunes -y públicos- como el tan sonado y socorrido "Si amas algo..." esa duda me corroe. Sí, la verdad sobre lo que siento la sabes. Te lo escribí. Tal vez no te lo he sabido demostrar de modo que tú lo veas y lo sientas. Quizá también me faltó decírtelo viéndote a los ojos; pero, carajo... creo que, a pesar de mi certeza desde mi lado del río, también tengo derecho a sentir miedo de cruzar el puente. Siempre te dije "podemos negociarlo, podemos llegar al justo medio": puedo y quiero vencer ese miedo... contigo. Quiero poder dar ese salto de fe: saber que estarás para atraparme... o para enseñarme a volar...

No puedo pedirte disculpas ni perdón porque tú también fuiste -eres- cobarde. No puedo porque quien padece el castigo sin que sea meritorio soy yo. No puedo porque también es cierto que tengo dos grados de orgullo que usualmente callo. No puedo porque eso sería darte más poder del que ya tienes para destruirme más de lo que ya lo has empezado a hacer. No puedo porque también me amo. No puedo porque aunque me duela y sepa que a ti también te duele, te respeto. No puedo porque quizá, sólo quizá, también sea cierto que no podemos estar juntos... aunque lo dude. Como todo lo demás.

Saturday, August 13, 2011

Semestre Agosto-Diciembre 2011. (Parte 1)

Fue una semana... interesante, por ponerle un calificativo no comprometedor. No pasaron muchas cosas por las que pudiéramos exclamar "¡Oh my God!", pero supongo que eso es básicamente por la nueva actitud Zen... o el aburrimiento mortal que he padecido los últimos meses. No me preocupa todavía, porque prefiero ocuparme buscando cosas que me hagan... revivir, perseguir ese "joie de vivre", tan difícil de capturar en estos tiempos ultramodernos en los que mantenerse asombrada de la propia vida es complicado.

Regresé a mi rutina, sólo que esta vez está más desarreglada que de costumbre: clases por las tardes, libres las mañanas, libres dos días completos, libres los fines de semana; por fin libre para moverme a mis anchas... siempre y cuando pida permiso. Tanta libertad suele ser dañina para la salud del espíritu y de la cabeza porque tanto tiempo para una deja espacio para pensamientos... salvajes. Sé que todavía faltan cosas, así que el periodo de adaptación al semestre se prolongará -por lo menos- un par de semanas más. Muero de ganas por que empiecen las clases de ballet y de Alemán, además de saber si se abre un grupo más de Árabe con un horario compatible con el mío. Me he dado cuenta que, si quiero retomar el entrenamiento de natación, tendré que desaparecer de casa desde las 6 de la mañana (so much for having class 'til 14:30 ¬.¬')

Salí con Mr. M ayer viernes. As per always sucedió lo previsto, ya que al parecer, ninguno de los dos podemos comportarnos como personas decentes. Su coche, que estaba cubierto por una gruesa capa de polvo, tiene ahora -al menos hasta que decida mandarlo lavar o hasta que llueva- una marca de mi silueta (la cual, por cierto, se ve muy... [no puedo creer que lo vaya a escribir] sensual) en la ventana del copiloto. Vimos "Los Pingüinos de Papá", filme que encontré gracioso y tierno, más porque él (por primera vez desde que salimos al cine juntos) no me torturaba a cosquillas, sino que me acariciaba. Weird, huh? Sí, algo así. Quizá vaya mañana a mi casa a estar un rato escuchando música. Hay algo de cute en que haya accedido a pasar un rato haciendo nada conmigo... o eso creo. Ya te escribiré el sábado qué sucede... si es que sucede algo.

Pasando a otras cuestiones... me encuentro sumergida -como tal vez lo hayas notado por tuirer- en un "reading rush", impulsado por dos cosas: mi reto personal a leer 15 libros en 2011 y el dichoso programa del Tec "Pasión por la Lectura". So far he terminado "Los de abajo", voy empezando "Los relámpagos de agosto" y pretendo terminar "Jardines errantes: Cartas a JC Lambert" de Octavio Paz. Alvarito programó que en el semestre leyéramos tres novelas ("Los de abajo", "La feria" y "El complot mongol"), más las que vaya diciendo "al aire" durante las clases Tantos títulos prometen ayudarme a superar el récord facilmente.

Además el profesor de Gestión Pública nos pidió otra novela. Este prof me cayó súper bien. Digamos que es yo pero abogángster, varón-relativamente-atractivo y como 10 años mayor. Pinta ser una clase interesantísima que comparto con mis amigos de 9° de RRII (Sr. Cielo incluido). La clase de Estética y Filo del Arte también tiene buen pronóstico: el profesor es un erudito en filo y la profesora es muy linda. Creo que con ella tomaste Crítica de Arte. Y Alex Syntek me mareó con las cosas digitales e interactivas y libros que vuelan... fue un viajesote. Estoy esperando las primeras clases de Recaudación de fondos y la de Tercer sector. Ya veremos.

Las cosas en casa... no sé cómo marchan, porque ya casi no estoy ahí. Me despierto temprano, pongo mi comida y colaciones, me voy al entrenamiento de natación, me arreglo y me voy a la Uni. Regreso tardísimo -es HORRIBLE manejar de noche- y me duermo ya entrado el nuevo día. Suena agotador, aunque es cuestión de adaptarme a nuevos horarios y actividades. GEMNU va a consumirme tiempo, pero not yet. Hay días en que pienso que ha habido un complot en mi contra, pero no debrayaré. De una u otra forma, el que no pueda ir a las juntas hace que el resto de mi tiempo sea aprovechable.

Cuéntame cómo van las cosas por allá. ¿Qué has hecho con lo del el guapo profe de Perspectiva Internacional? ¿Te gustan tus clases, tus profesores?¿A qué taller DAE te metiste al final? ¿Cómo están tu mamá y tu hermana? ¿Te has encontrado a alguien que llene tu pupila? ¿Cómo son y te tratan tus nuevos colegas? No me dejes en la oscuridad; sabes que las amigas chismean casi a diario. No hay que dejar que la lejanía nos lo impida.

Te quiero amiga. Te escribo pronto

Mel

Updating... o algo por el estilo.

Dejé de escribir... casi un año. Digamos que en verdad estaba sumergida en una sábana de desánimo ante mis propias letras que decidí dejarlo por la paz y simplemente... continuar. "Move on", como dicen los angloparlantes. Y todo había estado relativamente bien: vida ocupada, retomando mi pasión acuática, el gusto por el Derecho Internacional (simulado por el momento, claro), mi vida de soltera (cosa que aparentemente no ha cambiado), mi adicción cafeínica complementada con la no-tan-recientemente-adquirida adicción a la red del pájaro...

Pero entonces sucedió algo que nunca habría imaginado: una de mis mejores amigas se mudó. ¿Pueden creerlo? (esa pregunta que es retórica para ustedes sigue siéndolo también para mí). Así que, para mantener el contacto -al menos de mi parte-, le prometí una especie de e-journal semanal, con los chismes, dímes-y-dirétes, similares y conexos. Le habría prometido una carta escrita a mano semanal, enviada por correo tradicional -con todo y timbre postal-, pero el pánico de la espera me hizo desistir (además de que desconozco sus datos de residencia). Todavía contemplo la opción, pero será cuestión de un par de días para decidirme...

Por lo pronto, déjenme les digo: pinta ser un ejercicio interesante. En estos momentos me encuentro deliberando acerca de tono y formato que darle a estos "posts".

Aquí cortaré el discurso de regreso, ya que no deseo adelantar nada del ejercicio siguiente. Les escribo pronto.

MeliMsNightmare

Sometimes, only sometimes...

Tonight I fell asleep as I always do, after revising my day and planning for the next, just as I lay while whispering to God, thanking Him for the blessed gift of life. I closed my eyes as Morpheus came to cuddle with me, singing a soft lullaby into my ear and I wander to the land of my own being, mysterious, absurd and wonderful as I may seem. But this time I fell for longer, though I did not scream, for somehow I just knew that it would not change anything, that I would have the same sensation and the same dream until it had played its role.

I knew what would happen when, the exact minute, the precise words, and yet I could not escape from the labyrinth of myself. I understood the meaning of it all, and yet I could not manage to overcome what everything implied. I felt like I was walking down the death row, knowing I was innocent and being completely mute. My heart was condemned to suffer your departure over and over and over again.

Whenever my heart manages to smash my mind, when the walls of reason and argument and demolished by the force of feelings pure and unadultered I find myself asking me what I am doing and why it is I cannnot simply let go of you.

Saturday, October 16, 2010

De tal palo... no tal astilla

Siddhartha hijo huyó en medio de una noche sin luna ni estrellas. Estaba convencido de que no habia nada para él en aquél lugar en el que ese hombre -a quien se parecia tanto fisicamente y al que debiera llamar padre- vivia tan miserablemente, pues ¿Quién podía sentirse placido y satisfecho sin los manjares que el conocía y había saboreado tantas veces antes? ¿Quién querría vestir una harapo si podía disfrutar de la ropa más fina, de los trajes más hermosos? ¿Quién podria ser feliz sin el movimiento ajetreado de las personas al tiempo que él estaba reposando en la litera? ¿Cómo podría él, el hermoso Siddhartha, vivir con tan poco si lo merecia todo?

Lo que el joven necesitaba era el escandalo y la energia que bullían en la gran ciudad, por lo que corrió y deshizo el mismo camino que su madre muerta lo había obligado a viajar meses atrás. Llego a la ciudad al alba, y se dispuso a buscar su casa. Cuando la halló quiso entrar en ella, mas los seguidores del Sublime habian cerrado sus puertas. Los pocos que regresaron de la peregrinación decidieron que no recibirían discípulo alguno sino hasta un año después de la muerte de Gotama.

-Abridme. Soy el hijo de Kamala. Mi madre ha muerto en peregrinación y he venido a habitar su casa, que ahora es mi casa.

Sus gritos murieron en el silencio. A pesar de estar despiertos, los discípulos de Gotama que conocían al muchachos se rehusaron a abrir. A diferencia de su madre -que practicaba cuidadosamente el ayuno y todos los preceptos dados por El Sublime- el chico era posesivo y voluntarioso, y no aceptaba 'no' como respuesta a sus caprichos. La avaricia y las pasiones dominaban su corazón y cegaban su juicio.

Uno de los seguidores más jóvenes que vivían en la antigua casa de Kamala se acercó a la puerta, después de mucho tiempo de escuchar al joven gritando.

-Decidme joven ¿qué deseas?- el monje le preguntó serenamente. -A caso no sabes que estamos meditando?
-Quiero que me abran, me dejen entrar y ustedes salgan. Mi madre ha muerto y yo he venido a tomar posesión de mis cosas, de lo que me pertenece.

El monje observó el rostro de Siddhartha hijo, que respiraba con agitación. Buscó sus ojos y vio que el chico decía la verdad y hablaba en serio.

-Oh, hijo de Kamala, ¿es que no sabes que tu madre regaló todo esto?- dijo el joven
-¡Eso es mentira!¡Mi madre nunca habría hecho semejante cosa!- el resentimiento de Siddhartha aumentaba y se veía en su cara.
-Pero si es la verdad. Yo apenas comenzaba a seguir a Gotama el Sublime, cuando ella buscó a los otros seguidores y les dejó todo a ellos.
-Regresenme mis cosas. Mi madre ha muerto y no quiero ser un mendigo. Quiero todo lo que era de mi madre y ahora es mío.

En ese momento, uno de los monjes más viejos salió a la puerta.

-Estas ya no son tus cosas, niño. Estas cosas pertenecen ahora a la enseñanza y práctica de la doctrina de Buda.
-Pero las necesito. Necesito dónde vivir y qué comer. No tengo a nadie que me dé lo que necesito.
-Te equivocas en dos cosas, niño. Kamala cuando regaló sus cosas nos habló de ti y nos dijo de tu padre. Sabemos que ella quería que estuvieras con él-. La voz del monje era serena, pero había un tono de autoridad que hizo que Siddhartha se silenciara.
-No reconozco al hombre que es mi padre, porque es un barquero miserable y yo no puedo ser hijo de un miserable.
-Entonces deja tu orgullo y tus deseos y vuélvete hacia nosotros, como lo hizo tu madre antes que tú. Abraza la doctrina, calla tu ego. Nosotros te abrimos la puerta.
-No reconozco ni ley ni maestro- dijo el joven temerariamente.
-Entonces regresa sobre tus pasos y busca tu camino. Haz aquello que tengas y consideres en tu vida. Adiós Siddhartha.

El monje cerró la puerta y Siddhartha hijo se quedó iracundo. Pero había nacido con estrella, igual que su padre. Vagó un par de días por la ciudad. Al segundo día, mientras se bañaba en el río, el criado de un joven comerciante le habló.

-Mi amo quiere que te acerques.

Siddhartha se acercó al comerciante.

-Te he visto vagando, pidiendo comida. ¿Es que acaso no tienes hogar?

Siddhartha contó su historia y el comerciante se apiadó de él. Lo tomó como aprendiz y lo llevó a su casa.

Pasaron los años y Siddhartha acumulaba riqueza y tesoros para el comerciante. Pronto se hizo comerciante también y su riqueza fue enorme. Sin saberlo, el hijo vivió la vida de su padre. La única diferencia fue que sansara se apoderó de él, pues su espíritu no era puro y no le dejó ver lo importante.

Tuesday, September 28, 2010

Las Máscaras Indivisibles, Intercambiables.... y ahora también Inseparables

La primera letra del manifiesto quedó un poco temblorosa. Esa pausa inevitable en la que el material de escritura fue acercado al espacio de trabajo hizo que la resolución de escribirlo flaqueara... al menos un poco. Por supuesto que tendría que escribirlo. Quería hacerlo si bien por las razones más equivocadas que pudiera dar, pero sentía que era su forma de contribuir al mundo -al menos en el inmediato- de una forma un poco menos pasional pero más personal.

"Nacida de una ligerísima renuencia causada por una menos ligera desconfianza, la incapacidad -innata o adquirida- de conectar con otros seres humanos se ha convertido en símbolo y característica innegable de las sociedades post-modernas, como síntoma evidente de la dialéctica que no da opción de escapatoria: el miedo terrible y el deseo incontenible de 'el otro', de aquellos que es ajeno a la propia persona; y también de otra relación similar: llevar una vida racional es prácticamente imposible en un medio social completamente ilógico, aunque lleno de sentidos múltiples y variados, cortesía de los mismos 'otros', los que causan a cada persona una fascinación indescriptible."

"Dadas las condiciones anteriores, se encuentra el problema real: la inconexión entre individuos pertenecientes a un mismo medio es más usual de lo que se cree. En ése aspecto, gran parte de la humanidad debe saber que tiene algo en común con el prójimo, pero no es así. Cada quién ve al de enfrente, el de atrás, los de al lado como seres que tienen nada de qué preocuparse. Seres que saben cómo reaccionar, qué decir, qué pensar y cuánto y cómo demostrarlo. La pregunta esencial aquí es ¿cómo saber bajo qué reglas se juega con cada individuo con el que un sujeto dado se involucra? Y es que pasando de la cuestión y la perspectiva mercantilista, las relaciones humanas se dan básicamente por negociación. Tal vez no de qué quieres, qué quiero, cuánto vas a ceder tú, cuánto yo y qué estrategias vamos a usar para obligar al otro a ceder, sino estando en el entendido de que todos los seres humanos necesitan algo diferente y están dispuestos a ser alguien diferente con personas diferentes."

"Es factible decir que las personas tienen máscaras para cada individuo con quien cruzan palabra, pero eso no puede ser del todo malo... ¿o sí? Aparentemente es más bien una forma de defender lo que hace únicas a las personas contra todos los puntos en común. Saber que comparten muchas más cosas de lo que creen con los demás -aunque cueste admitirlo- puede lograr que se pierda esa conciencia de lo diferente, de lo privado, de lo que es exclusivamente 'mío'".

"Las máscaras en este aspecto, son como las cortinas de los templos, que cubren los lugares más sagrados a los que sólo el sacerdote puede entrar. Cada persona es su templo y su sacerdote, pues en su vida tiene el derecho y la necesidad de guardar una fuente de poder desconocida a los demás. Una máscara no implica necesariamente una mentira, un engaño o motivo de desconfianza. Lo que sí implica -de forma inevitable- es un forma de preservar la intimidad, de tener el poder de decidir a quién mostrar una parte del 'Yo' y a quién no. Está en la naturaleza humana negarse a hacer algo, aceptar hacer algo y arrepentirse de y por algo".

Thursday, September 23, 2010

Escribir con humor sin liviandad: un homenaje a Germán Dehesa

No cabe duda: los mexicanos sabemos reírnos de nuestras desgracias, de errores y tropiezos –tanto individuales como de los cometidos por esos a los que llamamos ‘gobernantes’-. Reímos incluso de las cosas que nos desesperan, indignan, intrigan y enojan profundamente. Nos tomamos los aconteceres ‘con filosofía’, como dice el argot popular, pues si no se hiciera así, la crisis anímica que padecemos como sociedad sería crónica. Somos en resumidas cuentas, un pueblo hecho de dicotomías, tal y como se describe a sí mismo el periodista, crítico y escritor del populum, Germán Dehesa.

Don Germán se nos fue antes de tiempo. Tenía sólo 66 años, una edad en la que el amor por la vida es algo tan poco común, que deslumbra a quienes lo miran desde fuera. La última vez que publicó en su columna “Gaceta del Ángel” –la cual aparecía en el diario Reforma- nos decía a sus “cada vez más queridos lectores” que estaba enfermo y la sentencia hipocrática se cumpliría a finales de este año, pero que tenía esperanza de poder caer en el defecto nacional: pretendía sobornar a los oncólogos, a las instituciones gubernamentales y a la burocracia en general para conseguir un poco más de tiempo. En pocas palabras, Germán Dehesa no tenía ganas de morirse.

Pocas veces recorrí con la mirada ese espacio entre lúdico y académico, jocoso y serio: era un lujo que me daba cuando la vida escolar y familiar me dejaban tiempo disponible, y siempre era un dulce a la conciencia y al sentido del humor. Era el medio perfecto para poner sobre la mesa los hechos del acontecer político y social, para cambiar de perspectiva y volvernos un poco más críticos. Pero a diferencia de otros columnistas, este hombre dual decía las cosas con ‘conocimiento de causa’, que dejaba muchas dudas sobre su afiliación partidista y que aminoraba con humor negro el golpe del aterrizaje.

Leí cuando era aun más niña un libro suyo: “Los PRIsidentes”. Creo que fue uno de los factores que sedujeron mi atención e interés hacia el ámbito de la política nacional. Claro en sus críticas y evasivo en cuanto su postura personal, Don Germán le brindaba al público elementos para pensar… por cuenta propia. Su irreverencia es uno de los atractivos: se burlaba abiertamente del circo que es nuestra política, de sus normas e instituciones convenencieras y esquivas, de sus actores que saben muy bien cómo entretenernos y al mismo tiempo hacía mofa de sus colegas y del estilo clásico, elevado e intelectual de las columnas que a veces son tediosas y aburridas.

El señor Dehesa era un conversador, un platicador hecho y derecho. Y cómo no iba a serlo si su hermano le enseño desde muy joven a conocer a su audiencia, a mirar a quien lo leía y lo escuchaba, a ser dinámico, a hablar ‘como todos los mortales’ y a no enfrascarse en un tema único. Esta cualidad versátil y accesible hace que se quede con nosotros este hombre, esta pluma, a quien sin duda alguna, extraña(re)mos igual que a “Monsi”.

Thursday, September 16, 2010

Regreso a la infancia... o casi

Por alguna extraña razón -si se puede llamar extraño al aburrimiento en clases- me he puesto a leer el cómic clásico de mediados-finales de los 80's "Calvin and Hobbes" de Bill Watterson. No es por algo en especial, pero esta tira cómica se ha convertido en una de mis favoritas, empatando en primer lugar con "Mafalda" de Quino.

La verdadera historia de mi atracción a estas obras del arte pop no es la más predecible, considerando mi usual recelo a las cosas que son ampliamente aceptadas por las masas. Comenzó con mi acercamiento a la pequeña niña argentina que se quejaba del mundo en que le había tocado vivir; creo que me vi a mi misma en esa caricatura, porque ciertamente... mi gusto por Mafalda se convirtió rápidamente en una obsesión saludable.

Por otro lado, conocí las aventuras del pequeño demonio Calvin y su inseparable amigo Hobbes cuando entré a la Universidad, gracias a uno de los mejores profesores que he tenido en la vida. No recuerdo exactamente qué episodio tenía pegado con chinches a la pared de su oficina, pero creo que era uno en el que el engendro de seis años habla del capitalismo. Han pasado, si mis cálculos no me fallan, casi dos años desde ése primer encuentro, y justamente ahora que mi clase de Economía Política Internacional es una tortura, he re-descubierto las maravillas de estos personajes.

Es un poco irónico, creo yo, que la filosofía esté al alcance de un gran número de personas que no están ni remotamente conscientes del contenido real de lo que las divierte todas las mañanas en los diarios. Calvin y Hobbes tienen nombres de personajes históricos... la mínoría sabe a quienes hacen referencia estos personajes tan divertidos. Menos personas aun entienden por qué algunas tiras dicen lo que dicen... Pero eso no es tan relevante cuando se trata de una historieta. Claro que saberlo la hace mucho más entretenida.

Además del atractivo que tiene para mí por las referencias histórico-filosóficas, debo admitir que Calvin me recuerda mucho a mi misma. No diré si de hace algunos ayeres o de tiempos más contemporáneos, porque eso sería ponerme en evidencia y pues no. Sí, aunque no lo crean, queridos lectores, tengo una parte de puella terrificus que dudo que quieran conocer, pero al mismo tiempo y sólo si quiero, puedo ser un ente completamente angelical. También tuve un Hobbes, una Susie Derkins, un Moe... y profesoras como Miss Wormwood.

Creo que no es difícil que éste comic atrape a cualquier persona, porque nos muestra aquello que nunca nadie debería perder: la inocencia y la ingenuidad de un niño, sus ganas de comerse el mundo con su curiosidad que lo mete en aprietos y esa parte tan tierna y vulnerable que habría que proteger toda la vida.

Sunday, August 22, 2010

José Saramago: Un realista con tintes idealistas...

La producción literaria actual (y por actual me refiero a los últimos 25 años) se ha visto en situaciones por demás, desalentadoras. Hay autores cuya producción es vasta y probablemente tengan varios ‘best-seller’, pero la calidad de su producción es poca y se vende por ser de lectura fácil. Hay otros que tienen pocos libros, que son poco vendidos y su calidad es notable en cuanto a contenido y lo que requiere del lector. Son realmente pocos los que cumplen con las dos condiciones: que tienen una amplia producción bien recibida y la calidad de la mayor parte de su obra es de alto nivel. El portugués José Saramago era uno de esa élite, aunque en México el acogimiento de su obra es menor que en la península Ibérica.

Fue productor prolífico. Incluso se dice que cuando murió –a causa de una leucemia crónica- tenía escritas ya 30 páginas de una novela nueva. La obra de Saramago es compleja, inasequible para muchas personas, pero excelente en toda la extensión de la palabra. Son textos que usualmente no se llegan a entender o interpretar sin prestarles atención especial. No son, por decirlo así, textos que uno pueda intercalar con la lectura escolar y las actividades cotidianas fácil y tranquilamente. Tampoco son lectura ligera: si uno pretende leer “Las Intermitencias de la Muerte” en una sola tarde, se llevará un gran desencanto y seguramente se frustrará muchísimo cuando vea que cae la noche y los avances que logra son menores de lo esperado. No es una característica única de esta novela, pues lo mismo sucede, por ejemplo, con “El Evangelio según Jesucristo”.

Además, José Saramago fue un escritor exigente. Exige de sus lectores apertura de mente y disposición para poner en duda todo, no nada más la postura propia acerca de situaciones radicales en el ámbito social y externas al individuo, ya que también toca temas tan internos y personales como la religiosidad, la Fe, la responsabilidad de tener cuando otros no tienen. Asimismo, requiere cierto nivel de bagaje cultural que enriquezca al texto: sin un trasfondo moral, social, histórico, e incluso filosófico, el lector queda en la oscuridad parcial, en una penumbra crepuscular de la comprensión del eje de sus escritos.

Su estilo es único: describe profundamente, narra detalladamente. Irónico cuando tiene que serlo y en la justa proporción, pero también tiene un lado muy tierno, sensible y profundamente humano; tanto que el lector se encuentra, después de dos o tres páginas, empapado de la situación y sumergido en la empatía que generan los personajes en cada uno de sus libros.

José Saramago sufrió censura. En Portugal varios de sus libros fueron vetados por razones de discurso político. Detractor del sistema, profundo crítico social y político y ser humano comprometido con el ser humano: todo esto se ve a flor de letra en él. ‘¿Qué se gana con ser políticamente correcto si no se ve la realidad sin maquillaje?’ es una pregunta obligada y obligatoria al momento de leer sus libros.

Friday, August 06, 2010

Al fin... el fin de las vacaciones (contd.)

Ya que mamá estaba otra vez al mando de todo, yo me dediqué a planear mi equipaje para mis vacaciones, a dormir, al gimnasio, al servicio social y a leer. En dicho aspecto, estas ocho semanas -en especial las últimas dos- han sido satisfactoriamente productivas.

Del Señor Julio Cortázar leí Papeles Inesperados, una serie de escritos inéditos que fueron hallados algunos años después de su muerte. Tiene versiones diferentes de algunos de sus relatos publicados, cuentos desconocidos, historias, episodios de Lucas... en fin. Es un libro muy recomendable si se cumplen con algunas características: a) el lector gusta del particular estilo de Cortázar; b) si no tiene preferencia alguna por libros consecutivos o un orden específico; c) si no importa que los temas (y los textos) parezcan o estén inconexos. La narrativa es nada menos que excelente, los argumentos complejos y trabajados de una forma más compleja aún. En lo particular, las historias de cronopios me fascinaron. También disfruté de Don Julio Bestiario, una colección de cuentos cortos que traen y convocan cronopios interesantes.

Khalil Ghibran me presentó, por otra parte, un relato más sencillo en cuanto a la forma. El contenido en cambio... profundo aunque fácil de entender. En su libro The Prophet, el poeta nos transmite mensajes de amor que abordan diversos aspectos de la vida. Nos dice en resumidas cuentas que somos productos del amor, y que como tales, debemos contribuir a él. Es un libro hermoso e inspirador que invita a hacer un estudio detallado de la forma en que el lector lleva su vida y a cambiar las actitudes de odio y miedo.

Bertrand Russell habla más o menos de una temática similar en La Conquista de la Felicidad. El autor hace un análisis detallado de las causas individuales de la infelicidad y la miseria, aquellas situaciones que hacen a las personas incapaces de disfrutar y llevar una vida plena. Además, propone algunas soluciones a estas condiciones personales. Es como si diera al lector un espejo en el que están marcadas las manchas en la piel de su rostro y al mismo tiempo le regalara la crema que las desvanecería paulatinamente. Vale la pena si uno busca una felicidad no hedonista.

Del clásico Francisco de Quevedo y Villegas escogí aleatoriamente El Sueño del Infierno, que es en extremo parecido a La Divina Comedia de Dante. En esta ocasión sin embargo, el relato sólo abarca el recorrido por el infierno y hace una descripción detallada de los pecadores que ahí residen para la eternidad. Es un libro por demás interesante, sobre todo si se analiza desde la perspectiva religiosa, ya que muestra al lector un amplio pánorama sobre la religiosidad pública de la época del Siglo de Oro de la literatura española.

De Carl Jung leí varios ensayos, pero el que sustenta el título de favorito es Sobre el Amor y el Matrimonio, que es un libro bastante corto con citas de otros ensayos del psicólogo, aforismos y extractos de cartas personales. Es un libro que presenta el arquetipo de las relaciones amorosas -no sólamente del amor erótico- y de lo que suele ser aquello que mantiene a dichas relaciones en un fluir sano y constante.

Por otro lado, una de las mejores antologías de Oscar Wilde es Complete Short Fiction. Ni qué decir de los cuentos cortos del autor irlandés. Francamente es uno de mis favoritos en el rubro de la literatura fantástica, pues tiene una narrativa sutil y de transición suave entre párrafos. El libro ofrece relatos como "The Nightingale and the Rose", "The Selfish Giant", "The Canterville Ghost" entre otros. Considero que constituye una buena fuente de inspiración creativa, aparte de señalar fallas morales comunes en la época victoriana que siguen vigentes hoy.

Carlos González Muñiz por otro lado enfrenta al lector con sentimientos de persecusión, angustia, confinamiento y represión en La Jaula de Mallik. Este libro contiene dos historias divididas en dos partes cada una. La primera que se presenta trata acerca de la soledad "acompañada" de unos generales, unos soldados y varios prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial, cuyo "encuentro" -fortuito o no- los lleva a representar una obra de un dramaturgo nipón. La segunda historia habla acerca de un genio que se siente prisionero de su genialidad y opta por vivir sólo con instintos básicos. Después de una vida de criminalidad, Mallik -director del sistema penitenciario- diseña una jaula con el fin de torturarlo psicológicamente para lograr una readaptación a la vida social. La segunda parte del primer relato es el "background" de la obra de teatro; la del segundo cuento es lo que sucede después con lo que hay en la jaula y con el genio prisionero. Un libro interesante como propuesta de manejo de emociones del lector.

Además terminé de leer -después de mucho tiempo de estar en pausa- El Anticristo. Maldición sobre el Cristianismo de Friedrich Nietzsche. Aforismos, explicaciones, crítica y análisis nihilista -y casi ateísta- de la religiosidad Cristiana. Inspirador si uno es religioso pero duda de la forma en que se vive la Religión y de cómo maneja (y manipula) la Iglesia Católica -y probablemente también la Protestante- la fe y la moralidad de los creyentes, obtenindo así gran poder sobre el ser humano. Pone a pensar, aunque es difícil llegar a una conciliación entre el autor y la religiosidad privada, en caso de tener una educación religiosa ortodoxa y poco abierta al cuestionamiento y a la discusión.

Y sí, reconozco que no pude resistirme a releer a tres de mis favoritos. Habría leído algo nuevo, pero... digamos que mi estado de ánimo ameritaba que volviera a enamorarme del primero, imaginar con el segundo y recordar la versión original del monstruo con el tercero.

Antoine de Saint-Exupéry describió perfectamente a mi hombre ideal en El Principito. Inocente e ingenuo ser que dejamos de escuchar cuando las "responsabilidades" de gente grande se adueñan de cada ser humano, el extraño visitante de un asteroide lejano recuerda al protagonista que "Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos". Alguien que aprecia las cosas simples y que sabe que son las más hermosas, sólo puede ser descrito con una palabra: niño.

JK Rowling escribió hace no mucho tiempo una saga que volvió loca a una generación completa. Los siete libros de Harry Potter recorrieron el mundo y lograron lo que muchos periódicos y algunos especialistas pensaban imposible: que los jóvenes leyeran. Es una historia fantástica con argumentos que puntualizan algunos de los valores occidentales más importantes, tales como la amistad, la lealtad, la lucha por lo que es mejor y el sacrificio que esta lucha implica, además de la búsqueda constante de los méritos propios. En fin, es una saga muy comercial que marcó parte de mi adolescencia, pero que como discurso y medio de difusión de valores es muy efectiva.

Regresar a la novela magistral de Bram Stoker supuso una desintoxicación de la mercadotecnia y lo ridículo que me parecen las versiones contemporáneas del mito del vampiro. Drácula sigue siendo -y conservará ese puesto por mucho tiempo- el mejor libro, serie o película del demonio chupasangre... al menos ése es el lugar que tiene en mi lista de temas y títulos predilectos. En parte por mi afición al terror, al suspenso, a lo sobrenatural y a las supersticiones... y también por mi insana adicción a la mitología. De cualquier modo, me sirvió para comprobar que por más que maquillen y cambien la apariencia del vampiro, yo me quedé en el arquetipo... y en el estereotipo clásico de la criatura.

Como ven, el ocio sí estuvo presente por mi casa, aunque un poco más extraño de lo habitual. Todo gracias a la muerte de mi laptop y la restricción de horario para el uso de la computadora pública de mi hogar.

Al fin... el fin de las vacaciones

Creo que estas vacaciones largas, abrumadoras y completamente desquiciantes me han servido bastante, no nada más para leer, dormir y hacer ejercicio a lo bestia, sino para cosas (un poco) más trascendentales.

Comenzaron con el primer voluntariado que hago. Participar en el Tercer Festival de Cine en Derechos Humanos organizado por Fundación Cinépolis fue algo que me dejó un nuevo nivel de consciencia. Vamos, estaba consciente de los muchos problemas que hay en el mundo concernientes a nuestros derechos fundamentales, pero ver algunos documentales que pusieron la realidad en caliente... me movió el piso. Me hizo considerar que un cambio -o muchos- en mis perspectivas de vida eran necesarios.

Para empezar me di cuenta que este blog debe volverse más abierto a temas y formas. O sea: ya no me voy a clavar en mis melodramáticos aconteceres del corazón. No fue precisamente sencillo llegar a esa conclusión (un poco lógica), pero creo que es lo mejor que pude haber pensado. Hacía fácil tres meses que no escribía algo, por una cuestión más que nada evasiva; y cuando me percaté del hecho e intenté remediarlo, entendí que simplemente no puedo seguir tirándome al drama y al llanto. Lo que sucede, pasa y punto. Escribirlo suele ayudar, pero creo que un blog no es el mejor lugar para el análisis personal. Claro que de vez en cuando (entiéndase MUY ocasionalmente) puedo postear algo por el estilo, siempre y cuando no se convierta en una vorágine de la que no pueda escapar.

Creo que esta nueva fase tuvo origen gracias también a un acontecimiento "importante": mi hermana y mi madre se fueron de viaje tres semanas. Ya sé que no suena impresionante, pero la situación (aunque no es muy complicada) fue nueva y me desequilibró. Me quedé sola con mi abuelo, un hombre -o mejor aún: un niño impertinente- de 84 años que pretende hacer las cosas a su manera; mi papá -una persona de trato difícil, por decir lo menos- cuyo horario me transtornó toda la vida; y mi hermano -un puberto insoportable- a quien quiero mucho pero que simple y sencillamente no tolero por grandes cantidades de tiempo; además del personal doméstico (o como mi madre las llama: asistentes domésticas), que aunque si fue un aliviane ENORME tenerlas, también contribuyeron a algunas situaciones complicadas.

Lo que más patidifusa me dejó fue que mi mamá me dijo: "Te entrego mi casa. Tú te tienes que encargar de todo: súper, comida, aseo, lunches, desayunos, pagos, etc. Además tienes que ver que tu padre lleve a la escuela y no mate a tu hermano y TE EXIJO que no los matrates (hablaba de los tres varones). Tienes que ir al médico con tu abuelo y pedir su medicamento. Y te encargo el negocio. No quiero que dejes tus cosas de lado, pero espero regresar y encontrar todo en pie".

Confieso que encontré este sermón muy intimidante. Pero, ¿qué podía hacer, si ella ya tenía un pie en el taxi del aeropuerto y yo estaba a punto de irme al gimnasio? Asentí, les desée un buen viaje y me fui. Empecé la semana decentemente: el miércoles se complicó por la ida al súper sin coche y con presupuesto limitado. Logré hacerlo sin causar un crack financiero, aunque el viernes tuve que recoger al enano y completar las compras que, de haberlas hecho el miércoles, me habrían ocasionado transtornos en el transporte. Así llegamos al fin de semana, en el que el viaje al negocio fue una aventura.

Me explico: cuando estoy en el Estado de México, mi papá me da permiso de manejar, siempre y cuando vaya acompañada de un adulto (lo cual me enoja bastante porque yo YA soy considerada como tal). Mi tío -quien fue el que me enseñó a conducir y que trabaja en el "changarro"- me encubre y me deja manejar yo solita. Total que me fui con la camioneta familiar a dar mis vueltas de práctica al centro del pueblo bicicletero (en realidad es una ciudad de poco más de 5,000 habitantes), y como era de esperarse... me perdí. Yo supongo que en realidad no me quedé en el pueblo, sino que en algún lugar tomé una vuelta equivocada y me llevó al pueblo vecino. Así que manejé por carretera sin darme cuenta. Regresé unas tres horas más tarde, rogando al cielo que a mi padre no se le hubiera ocurrido ir al establecimiento en una visita sorpresa. No fue el caso, por lo que cuando fue a recogerme para regresar a la ciudad, le conté la versión aceptable de los hechos: mi tío me guió en carretera.

La semana número dos pasó con menos altercados. El súper fue más fácil porque sólo era comprar frutas y verduras y algunos lácteos. El enano se quedó en casa un par de días y no tuve que ir por él a la "secu". Las asistentes domésticas arreglaron sus problemas entre ellas. Sólo un inconveniente mayor: La ida al banco y los depósitos y pago de inscripción y demás. Otra vez el presupuesto desde dentro de casa estaba limitado, y aunque ya tenía dinero, me inquietaba que no cuadraran las cuentas del negocio. Hice malabares, pero conseguí cubrir los gastos y tener un pequeño remanente. Sin embargo, la tensión en casa se sentía: papá molesto por tener que esperar al enano en las mañana y llegar tarde al hospital. Enano cohibido por hostilidad de papá. Abuelo irritable por querer hacer "arreglos" en la casa y mi negativa disfrasada de excusa. Evadimos los problemas un poco y tratamos de poner nuestra mejor actitud y disposición para convivir armónicamente. Además, mi nerviosismo se vio acrecentado por mi desición de manejar la camioneta en la ciudad sin decirle una palabra a mi papá.

La tercer semana fue mejor: mi hermano terminó el curso, por lo que los niveles de estrés de mi papá se volvieron inversamente proporcionales a los míos. El súper lo hice en tiempo récord. Comenzaron a importarme poco los balances generales del negocio y la situación mejoró un poquito. Un pequeño accidente al volante ocurrió: me chocaron en un alto. No pasó a mayores, y no permití que amedrentara mi estado anímico. Pero mi abuelo me sacó de mis casillas a mitad de semana: no pidió su medicamento en su consulta y me echó la culpa a mí. Fue una discusión absurda y frustrante, porque en realidad marcó mi conversión a ser el chivo expiatorio. No me molestó la posición porque llevo varios años siendo la disidente oficial de la familia, pero el que pretendiera que hiciera todos los trámites y recordara lo que toma... Ni yo me acuerdo de tomar mi medicamento, como que querer que esté al tanto de los tratamientos de otros es demasiado pedir. Para el sábado yo ya estaba pidiendo de rodillas que regresara mi mamá, y cuando llegó al aeropuerto el martes... fui la persona más feliz.

Esto me sirvió para otras varias cosas. Me dí cuenta que ya puedo administrar una casa. Si tuviera una fuente de ingresos, podría irme de mi casa, poner un depa y llevarlo a la perfección. También me percaté de cuantas cosas hace mi mamá por mí y lo difícil que es coordinar la vida de varias personas. Aprendí cómo tocar temas delicados con mi papá. Y algo que tengo que seguir prácticando: a no dejar que las actitudes y las vibras de otros me afecten.

Saturday, June 12, 2010

Eheeeem...

"Después de varias (en realidad demasiadas) semanas de autoindulgencia y falta de espíritu creador, supongo que es buen momento para explicar la ausencia de todo y nada; sobre todo porque he tenido un millón de cosas qué decir, pero como siempre y para romper la costumbre, se ha subido el grado de paranoia. El peso de las declaraciones que siguen es francamente impactante, más que nada por la ligereza -o liviandad- con las que he de tratarlas y la trascendencia que tienen en la vida de una persona. No pretendo ahogarme en un vaso de agua, pero creo que es necesario escupirlo todo de una buena vez, considerando que pocas personas han de leer esto."

Suspiró. La realidad es que nadie leería nada de lo que publicara. Si fuera un poco más realista (cruzando ligera y subrepticiamente la línea que separa la realidad del pesimismo) y tuviera dos grados menos de orgullo, reconocería que se había equivocado de camino. Decidió continuar con la aventurada columna -que parecía más una entrada de Diario de alguien de secundaria que un ejercicio para su clase de Análisis Literario- para evitar malintepretaciones que después le harían hervir la sangre como agua para pasta. Amaba su carrera y la profesión que había escogido: le encantaba enterarse de todo y poner su acidez y sarcarso a trabajar en equipo con su capacidad de análisis, aunque si se decía las cosas honestamente, sabía que su forma de escribir no era la más accesible.

"Hace unos cuantos días, encontré a una persona inquietante. Parecía normal y joven, aunque se le veía con cansancio y hastío. Se me hizo un claro ejemplo de la insatisfacción y del inescapable mal de la postmodernidad capitalina. Osé hablar con este ser humano, llendo en contra de mi usual timidez y reserva. Hicimos platica leve que duró poco tiempo, por lo que me cayó como balde de agua fría que tan rápido como le hablé, nuestros temas de conversación se hicieron más profundos. No sé la razón de esa 'confianza', inusitada e inesperada como un día soleado a la mitad de una temporada de lluvia. Lo que sí sé es que cuando nos despedimos, la mirada que vi en sus ojos era más inquietante que al principio. Como que se revolvió algo en su interior que no sabía interpretar, y tal vez pretendía que yo lo hiciera. He de confesar que soy muy inhabil para interpretar a las personas: nunca puedo decir qué pasa en sus cabezas en un momento, mucho menos saber sus intenciones. En realidad, el punto que busco resaltar es mi incapacidad innata de conectar con los otros."

Dejó escapar otra bocanada de aliento. El ligero aroma a café que pendía del aire a su alrededor le recordó la necesidad de rellenar su taza, después de hacer una escala técnica allá-donde-todo-mundo-va-solo. Así que, levantose de su silla, caminó unos cuantos pasos lejos del escritorio, extendió los brazos en cruz y se estiró. De inmediato rió entre dientes, como para que su imaginaria compañía se enterara de que había pensado algo pero que no supiera qué pensaba acerca de lo que había pensado. Cambió de postura, y arqueó la espalda. Rió de nuevo. Esa mañana sería una larga y frustrante, pues su imaginación e ingenio estaban más dispersos de lo usual. Le tomaría todo el día escribir una columna que usualmente no le llevaba más allá de un par de horas.

Así que se aventuró a salir de su santuario, descendió las escaleras en una confunsión alucinante, cruzó la sala y el comedor creyéndolos parte de una jungla insalvable de muebles y adornos y fotografías vergonzosas. Escabullóse a la cocina en medio de una batalla por supremacía entre jabón, escoba, pies y mosaicos que se resistían a la limpieza religiosa de los viernes. Al salir campante y llegar a su objetivo, llenó su taza favorita -la de los "Caminos de Michoacán"- de aquella bebida de dioses, negra como sus pensamientos más delirantes. De pronto se dio cuenta de que la Odisea para llegar de vuelta a sus aposentos sería aún más complicada que la de salida... sobre todo si quería llegar con el botín intacto.

De tal suerte que se armó de paciencia, calculó cada uno de sus movimientos y se dispuso a ejecutarlos con presición milimétrica. Cuando salió de la zona minada por charcos de jabonadura sin haber derramado una sola gota de café, se atrapó pensando en el orgullo que habría causado esa suerte de pasos de haber sido practicante del ballet clásico. Reanuda la marcha a toda prisa; las ansias de terminar la tarea aumentan a cada segundo, al igual que la indecisión acerca del contenido.

"Tanto como incapacidad... no. Creo más bien es una ligerísima renuencia causada por una menos ligera desconfianza. Créanme que es un tema recurrente de autoanálisis y autodiagnóstico... o mejor dicho: obsesivo. Y es que subraya y resalta la parte más dialéctica de mi: un miedo terrible al otro y un deseo incontenible de tal; pero como es de esperarse: en la vida cotidiana, la lógica y metodología brillan por su ausencia. Claro está que los intentos de moverse en dicha región racional se ve frustrada al vivir en sociedad, cosa que es altamente inevitable... por más que se quiera lo contrario. A veces me encuentro tratando de dilucidar esta inconexión terrible entre los demás y yo, pero la respuesta siempre se me escapa entre los dedos."

"La observación empírica de este fenómeno me ha tomado por sorpresa, dado que es más usual de lo que en verdad podría sospecharse. En ese aspecto, gran parte de la humanidad sabría que tiene algo en común con el prójimo. Pero no es así. Cada quién ve al de enfrente, el de atrás, los de al lado como seres que tienen nada de qué preocuparse. Seres que saben cómo reaccionar, qué decir, qué pensar y cuánto y cómo demostrarlo. Creo que la pregunta esencial aquí es ¿cómo saber bajo qué reglas se juega con cada individuo con el que nos involucramos? Y es que pasando de la cuestión y la perspectiva mercantilista, las relaciones humanas se dan básicamente por negociación. Tal vez no de qué quieres, qué quiero, cuánto vas a ceder tú, cuánto yo y qué estrategias vamos a usar para obligar al otro a ceder, sino estando en el entendido de que todos necesitamos algo diferente y estamos dispuestos a ser alguien diferente con personas diferentes."

"Vamos, podría decirse que tenemos máscaras para cada individuo con quien cruzamos palabra, pero eso no puede ser del todo malo... ¿o sí? Considero que es más bien una forma de defender lo que nos hace únicos contra todos los puntos en común. Saber que compartimos muchas más cosas de lo que creemos con los demás -aunque nos cueste admitirlo- puede lograr que perdamos esa conciencia de lo diferente, de lo privado, de lo que es exclusivamente 'mío'."

Miró su archivo de Word 2003 y se sorprendió. Había llenado las cuartillas requeridas... y aún no había terminado lo que quería decir. Estiró el brazo derecho y agarró su diario, la pluma fuente de tinta azul con la que escribía y comenzó así a hacer su propio manifiesto: El Manifiesto de las Máscaras Indivisibles e Intercambiables...

Monday, March 29, 2010

“Por favor… sólo te pido por favor, deja de recordar un ‘nosotros’. Deja de pretender que no me conoces, que no has leído por completo mi ser y que no has dejado tus pensamientos escritos en mi sangre. En lugar de simular, búscame en los márgenes de tu vida, en los rincones más oscuros de tus deseos inconscientes, en los momentos del día en los que te odies por no controlar el indescifrable impulso de ira que te llena y te desborda… El cristal con que me miras, inerte y frío, no depende de mí. Quiero creer que a tus ojos soy como la rosa que espera pacientemente a su asesino: irradiando belleza, le señala el camino por el cual ella ha de exhalar su último aliento.

“No pienses más en mí… pero toma la decisión de sentirme: deja a mi aroma embriagarte, permite a tus manos vagar, escucha mis suspiros llamándote, abre tus labios y saborea mis límites, mira con cuidado y captura la imagen del momento en el que me muestre más vulnerable y débil. Dejaré que lo uses ése instante a tu conveniencia, pues no hay otro al que yo prefiriera como verdugo. Vuélveme loca, hazme gritar, sé la causa de mis interminables lágrimas. No me importa qué hagas fuera de mi vida pero cuando regreses, asegúrate de hacerlo por la puerta de atrás, sigilosamente y en secreto, para que la ansiedad que siento cuando no estás y te extraño se mantenga eterna.

“Vuélvete violento y pasional y posesivo y todo lo que quieras. Escribe mi destino con la ligereza de tu beso; firma el acta de mi perdición con tus manos ásperas apretando mi cintura. Diseña un castigo para mi traición después de dirigirme tu mirada siempre impávida. Piensa en una forma en la que expíe mis apetitos más prohibidos mientras me privas de razón con tu aliento sobre mi piel; una estrategia que me haga pura a tus ojos de nuevo. Crea en mí la necesidad de estar contigo, de no darte la espalda otra vez. Transfórmate ante mis ojos; conviértete en una criatura muy aterradora, en el mejor y más refinado depredador con el que me pude haber encontrado jamás. Saca de mí el deseo de ser tu presa, de dejarte matarme y jugar con mi cuerpo a tu voluntad.

“Inspírame a crear mi propia religión en la que tú serás El Salvador, El Que Perdona, El Que Trae el Fuego a la oscuridad de mi blasfema vida. No me des alternativas mas que la de adorarte, la de dedicar mi vida a tu existencia. Confúndeme tan bien, tan fuerte, tan profundamente que lo único que sea yo capaz de ver sea a ti. Borra de mi mente cualquier otra oferta que pudiera tener… Convénceme de que fui hecha para estar contigo y para ti…

Monday, March 15, 2010

"Please, just please... stop remembering an us. Stop pretending you do not know me, that you have not read me all over again. Whichever crystal everyone sees me through does not depend on me. Instead, search for me in your present sidelines; in the darkest parts of your unconscious wishes; in that hateful moments of the day in which you cannot control that outburst of undecipherable rage... I am just like the rose that is awaiting patiently for its murderer: beauty radiating, signalling the way she will be taking with her final breath.

"Think of me no more, but make a decision to feel me: let you rough hands wander, let my fragrance inebriate you nose, open up your lips and savour all of my edges, listen to my sighs calling your name, keep the image of me in whatever moment you catch me vulnerable and weak. I will let you use it to your advantage, because there is no one else I would rather have as a tormentor. Drive me crazy; make me scream, be the cause of my endless tears. I do not care what you do out of my life, but when you come back, be sure to do so through the back door, silently and undercover, just so you can make the anxiousness I feel whenever you are not here and I am missing you a never-ending sensation.

"Become violent and passionate and possessive and what-else-not. Write my fate with your feather-light kiss, sign the act of my perdition. Design a punishment for my betrayal, a way to expiate my forbidden desires, a strategy to make me pure to your eyes again. Create in me a need to be with you, to never turn my back on you again. Transform right in front of me, turn into the scariest creature, the best and most refined predator I could have ever met. Draw up in me the longing to become your prey, let you kill me and play with my corpse as you want.

"Inspire in me the call to create my own religion in which you are the saviour, the one to forgive, the one to bring light into the darkness of my sinful life. Give me no alternative options but to worship you, to devote my life to your existence. Confound me so good, so hard and so deeply that all I can see ever again is you. Erase from my mind any other offers I might have, convince me that I am only mean to be with you, for you...

Monday, February 15, 2010

un minuto, por favor...

"Bien, creo... que todo ya fue dicho en silencios y omisiones, en ausencias y desprecios, en litros de tinta que escurren por la piel de esta poetisa, en desolaciones disimuladas y máscaras de tranquilidad. Sé a la perfección que escribir de nuevo es sólo una excusa para no dejar ir: escribo sin embargo.

"No es que me aferre a tu despedida, pretendiendo que sigues aquí, buscando por todos los medios verte a mi lado, infundando mis locuras en deseos estúpidos y dejándolas volar al terreno del olvido. Y entonces... ¿qué es? La existencia de un algo que se niega a morir así como así, dudando de su intención, preguntándose a sí mismo si es en verdad, existe o sólo es una ficción más de mi cabeza.

"Claro, me ha (¿he?) vuelto cursi a regañadientes, persiguiendo mariposas ilusorias, irrisorias desde el pensamiento, volátiles y perpetuas cuando me hallo a solas, hundiéndome en las ensoñaciones al calor de una inusualmente cálida tarde de invierno, en la que medito si ir a tu encuentro casual o sólo desvanecerme en mis aposentos: los dominios de esta princesa sin reino alguno.

"Vaya que ya no cuestiono las razones inesperadas que me mueven a aparentar ser lo que soy y lo que no soy también... un amasijo de contradicciones... o una madeja que no tiene ni principio ni fin... o un río que espera que te bañes en él todos los días, siempre diferentes ambos... llamadlo como quieras, pero llámalo de algún modo, porque sé que esto es tan real como lo somos tú y yo...

"Con eso podría decir que entonces es inexistente, mero producto del inconsciente aburrido y hastiado de la monotonía de esta obra de teatro que no tiene intermedios ni escenas ni actores visibles, de tantas meditaciones y sinsentidos sin editar. No es conveniente quedarme con esa premisa, porque luego me absorbería el pesimismo que en ella está implícito... habrá que caminar, consecuentemente, por las praderas especulativas de probabilidades infinitas a las que esta ciega aspira sin conocerlas siquiera.

"Me pregunto en este instante... ¿Cuántas millas que camine serán necesarias y suficientes para convertirme en una persona diferente? ¿Acaso se puede? ¿O de nuevo estoy poniendo excusas y evasivas?

"Confieso que no soy quien puede decir las cosas de frente y a la primera... que soy obtusa y nada (¿cero?) perceptiva... que sonrío para comprarme ideas que no son mías y que tal vez nunca cuadren con mi cambiante cosmovisión, pero aquí entre nos, en confianza y con toda la libertad que mi barrera del lenguaje y mi evidente falta de léxico me permiten...

"Considero seriamente que puedo dedicarme al teatro... Teatro Shakespeariano si he de precisar... drama, drama, drama... curioso es que siempre encuentro algo de lo que quejarme, algo que me permite descargar kilos y kilos de sarcasmo, ironías y acidez que me corroen por dentro... y creo que lo sabes... ¿O no?

"Vamos que mis descripciones son ambiguas y autorreflexivas... tal vez mi ente ¿es? un texto estético... y si no mi ente, por lo menos lo son toda esta sarta de tonterías escupidas aleatoriamente y sin mas razón de ser que ser.

"En algún tiempo pasado, presente o futuro, probable y equidistante al instante anterior, me dijeron que parezco mariposa... o abeja... no es casual, pienso yo, ya que mi nombre en griego significa precisamente eso: abeja...

"Situación paradójica: cambio de intereses, actividades, actitudes y demás aspectos definitorios (¿definitivos?) de una persona más rápido de lo que puede cambiar el rumbo del viento... o en su caso, el clima de la Ciudad de México...

"Tal vez esta metrópoli caótica y desenfrenada ha tenido más impacto en mí de lo que había supuesto. De entrada está sobre poblada y no hay orden en sus calles que son como los canales por los que fluye el tránsito de mis ideas, tan dispares, plurales y eclécticas como gente en este lugar que amo como a mi vida misma.

"Pero... volviendo al tema en cuestión... que por cierto, ya olvidé cuál era... ah sí, decirte que quizá agradezco ciertas omisiones como la que haces tú de mí..."

Saturday, January 16, 2010

Siento y no siento la piel, carcelera de mi alma; la sensación de encierro es insufrible, intolerable de vez en vez. Soy como un pajarillo recién capturado golpeándose contra los barrotes de su jaula, sabiendo de antemano lo fútil de sus intentos de escape, acongojándose con las añoranzas de su vuelo en libertad. Y sin embargo, me hallo entumecida de los estímulos externos: no siento los rayos del sol quemando dicha barrera, ni el suave viento que me toca toda, ni la humedad de la tierra entre mis dedos mientras huyo de todo lo que pretende proteger lo que sé que no soy.

A pesar de esto, hay un tiempo, algunos momentos en los que no siento y siento; son cuando estoy contigo, estás conmigo, estamos juntos amor.

La piel de muchos tonos distintos de mi cuerpo se vuelve papalote: artífice de mi liberación instantánea, efímera y entonces no siento la melancolía de una soledad autoinfligida ni el recelo involuntario por el contacto con lo desusado; son tus dedos, tus labios diseñadores del artilugio, tus pupilas miden cuidadosamente la profundidad de las mías, la urgencia de la necesidad de escabullirme, las ansias de volar lejos. En ese instante de encuentro siento fuego helado asesinando todos mis instintos de huída, dulces sacudidas de las murallas erigidas en torno a lo que más cuido, la textura de una pócima que paraliza y exalta el palpitar de mis nervios y el ritmo cadencioso del corazón que se vuelve uno con el mundo, intentado comprender al tuyo, amar al tuyo, cuidar al tuyo. Tu hablar parsimonioso arrulla tiernamente la inquietud de mi delirio paranoide, la tibieza de tu mano resucita mis ganas de cubrirme de ti.

Pero se desvanece todo un segundo después de haber empezado, y volvemos a los juegos, al andar escurridizo, a las evasivas de permanencia, volar y correr… a la existencia disimulada de algo incomprensible y nuestro…

Saturday, November 28, 2009

An apology to your absence...

Seven weeks. It’s been seven weeks since I couldn’t control my insecurities and my jealousy. As unfounded and unreasonable as those feelings always are, they were all it took me to completely ruin whatever little happiness my life had. I was, am desperately hopeful that this situation at least bothered you a tiny little bit. However, as time goes by, I can only see that it meant nothing... that I meant nothing. And though you were my best friend, the one that advised me not to fall in love for you, you just let me act as stupid as I am. I left without any reason or explanation, thinking that you would get worried and call, that you would show how important I am... was to you. But it never happened.

Just three weeks ago, I broke down. All my pride and pretended sufficiency crumbled when unconsciously, my fingers dialled your number. Believe me, I did try to repress and suppress the urgency to contact you. I confess that your indifference hurt me and my defence mechanism came into action, trying to convince my self that I shouldn’t care if you didn’t. Then again, the irrational part of me has always won over what I know, or think, that I should do. I tried to come home to you; I embraced you in front of everybody, trying to make you see that my surrender was unconditional. Perhaps that was my second gravest mistake, for you had explicitly asked for no public signs of affection. But I couldn’t really help myself when I missed a little too much your skin and your arms around my body, so I tricked my mind into believing that you had returned my hug.

For four weeks, my heart had been tortured: freezing with your complete lack of interest, your scorn, your coldness and yet, whenever I saw you, it burst into fire with all my hurt, my forgiveness and the love I feel for you, even though I’ve always known you despise it. I whispered in your ear a request my head had prohibited.

“I need to talk to you. I don’t want, I NEED to talk to you. I miss you so much…”

Your response was as evasive as I knew it would be.

“Give this week. Right now I have more pressing matters in my mind.”

I told you I would wait, meanwhile, time continued to scurry away. One day... three days... the weekend came and went and I didn’t hear from you. I began thinking that you had forgotten all about me, that maybe I had really messed things up; that’s when I decided to just [leave; to never disturb your life again, given as you had already erased my existence from it and you were trying to erase yours from mine. Consciously or not, everyday you slither away from me, you are cutting my soul. Bit by bit, you're leaving the hole of your absence; my hollow chest is where the rest of my body and existence are joined together. Each glimpse my eyes catch of you is a drop of acid to the remains of my heart...

To this day I am waiting. In my dreams you keep coming back, holding me and saying that it doesn't matter what I did; that you forgive me and that you will, in time, trust in me again; that you won't ever let me leave and that you will be patient and shake some sense into me or wait for me if I ever do that once more. Whatever it is left of my heart still consumes itself in the flames of the love I have for you.

I'm sorry, and I miss you so, so much...

Sunday, August 30, 2009




Fue una tarde de otoño, luminosa y fría; cuando tu suave voz y apacibles frases llegaron a mis oídos. Me sedujo tu tranquilidad, la profundidad de tu mirada, la extrañeza de tu pensamiento. Acentuaste mi curiosidad de ti cuando me hablaste de mí desde un primer encuentro. Te volviste mi misterio personal, el acertijo que plagaría mis noches y tus días.

Lo inimaginable sucedió entonces, en un clima gélido, estéril, germinó un sentimiento diferente de una amargura que había crecido como la hiedra en un jardín abandonado.

Fue un milagro el que hiciste en mí, una maravilla lejos de lo natural, más allá de lo etéreo, menos visible que el aliento que quise soplar sobre tu piel. Me entregué a ti sin que lo supieras, fui tuya sin reservas desde entonces. Sin señal alguna fuiste apoderándote de un pensamiento obsesivo, violento, de intensidad interminable. Así es nuestro sexo: intenso, indomable, es nuestra energía violentada.

Pecaminosos, mis sueños te han buscado en cada hora de sosiego y oscuridad que me ha acorralado indefensa, sorprendida, desprevenida a la eterna tentación que son para mi tus labios que recitan una poesía tan volátil como el viento, que quisiera acariciar lánguidamente con los míos; los mismos que son un tormento con una sonrisa pícara, que son inspiración y arma letal.

El cálido tacto de tu piel contra la mía, el tempo de nuestros corazones marcando la cadencia de nuestros movimientos, la sincronía de la obra y del poeta en su máximo esplendor; la oración dedicada al otro en un intento de perpetuidad. Actué en ese instante la obra que me arrastró a un mar cuyas olas me cubrían de pasión y vacíen sobre nosotros su humedad salina; un mar cuyos estruendos son los nuestros, que retumban buscando el refugio de la negrura de la noche en la que somos: eres y soy.

Y es en ésa humedad en la que nos encontramos desnudos, dibujando estelas, trazos que son las letras de aquel deseo, son las notas de ese orgasmo, los hilos de un tapiz con forma de tu silueta angulosa, el rumbo dirigido de nuestras manos explorándonos. El éxtasis lentamente da lugar a la paz que sólo encuentro entre tus brazos, cuando el silencio es nuestro mensajero, cuando la poesía quedo tatuada en nuestra piel, unida todavía por los signos del imposible.

Hay noches que sólo hay imágenes de ti, hay días que traen tu aroma, hay horas que me hacen buscar tu aliento, hay silencios que quiero nadar contigo, hay en ti mares en los que debo ahogarme sin pensar en nada mas que en ti...

Tuesday, July 07, 2009

Magia, al momento de pensarte, en el instante preciso en el que, con tu fuego, comienzas a enredarme en una espiral que desciende a lo más oculto de tu ser. Piel que incita, piel que provoca, piel que hipnotiza, piel que conquista.

Poesía que es chispa y tú, poeta, amo de mi mirada perdida, regálame un soplo de tu vida y un papalote hecho del lienzo que sólo en sueños es refugio de nuestra historia. Despierta al recuerdo de mi voz hablando incoherencias que deleiten tus oídos distraídos.

Una caricia mía mando a tu piel, y mil más viajan por el espacio sideral al último rincón de tu alma... Guárdalas celosamente mientras estés lejos de mí, navegante. Saca una de ellas cada noche y toca tu melodía pensando en mí; úsalas también como cobijo durante las noches de melancolía y nostalgia.

Recuérdame entonces:
perenne,
difusa,
intensa,
i N t E r M i T e N t E…

Yo estaré aquí a tu regreso, con Penélope a mi lado haciéndome compañía en tu larga ausencia.

Llegarás al puerto hacia donde mira mi ventana. Iré corriendo entre las sombras de una noche sin luna a reunirme contigo, corazón. Te estrecharé entre mis brazos y veré en tus ojos, como siempre, un sendero de luz con destino al infinito. Y entonces sí, podremos viajar por la claridad imperturbable, sin desdeñar al tiempo la cadencia de la oscuridad inquieta...